La República Federal de Fork, proclamada el 6 de noviembre de 1993, se erige
como un territorio singular en el panorama geopolítico post-conflicto, un mosaico de paisajes y
estructuras que han definido su identidad y sus luchas a lo largo de tres décadas. Ubicada en una
franja costera bañada por un mar azul profundo al suroeste, Fork se extiende sobre colinas ondulantes,
densos bosques septentrionales y llanuras centrales atravesadas por sinuosas carreteras de asfalto agrietado
por el tiempo. Su geografía no es mera decoración: es el tablero sobre el que se han jugado las
partidas de poder, comercio y supervivencia.
En el norte, dominando el horizonte desde una elevación rocosa, se alza el Castillo de Fork, una fortificación
medieval reconstruida con hormigón y acero, símbolo de autoridad ancestral y bastión inexpugnable de la facción
Pedro. Desde sus torres, se divisa el serpenteante río que nace en las montañas y desemboca en el Seaport, el
puerto comercial del suroeste, un laberinto de muelles oxidados, grúas inmóviles y almacenes abandonados que una
vez bulleron de actividad mercante. Más al interior, la Fábrica de Fork —un complejo industrial de chimeneas
apagadas y hangares subterráneos— sirve como corazón operativo de la facción Donu, mientras que el Aeródromo de
Fork, con su pista de aterrizaje alargada y torres de control derruidas, alberga las ambiciones aéreas de la facción Hugo.

Hacia el este, el Silo emerge como una estructura monolítica de acero y hormigón, medio enterrada en la tierra, un depósito de
secretos tecnológicos y armamento que transformó a la AFAE en la potencia dominante. Cerca de allí, la Iglesia de Fork —un templo
gótico en ruinas rodeado de cipreses— se convirtió en refugio de la facción Guille, un símbolo de resistencia cultural en medio
del caos. En el centro neurálgico late la Ciudad, un núcleo urbano desmilitarizado con su Estación de Tren central, la Farmacia de
fachadas descoloridas, y calles empedradas donde aún resuenan ecos de mercados y conversaciones cotidianas. Alrededor, puntos estratégicos
como los Almacenes (vastos depósitos de suministros), la Antena de Radio (una torre esquelética que transmite señales en la noche), la
Gasolinera (un puesto solitario junto a la carretera principal), el Búnker Blindado (un refugio subterráneo en las colinas), la Casa del
Faro (un faro blanco al borde del acantilado) y la Cabaña de Pesca (un humilde refugio junto al lago) completan el mapa de un territorio
donde cada estructura cuenta una historia de control, abandono o renacimiento.

Hacia el este, el Silo emerge como una estructura monolítica de acero y hormigón, medio enterrada en la tierra, un depósito de secretos tecnológicos y armamento que transformó a la AFAE en la potencia dominante. Cerca de allí, la Iglesia de Fork —un templo gótico en ruinas rodeado de cipreses— se convirtió en refugio de la facción Guille, un símbolo de resistencia cultural en medio del caos. En el centro neurálgico late la Ciudad, un núcleo urbano desmilitarizado con su Estación de Tren central, la Farmacia de fachadas descoloridas, y calles empedradas donde aún resuenan ecos de mercados y conversaciones cotidianas. Alrededor, puntos estratégicos como los Almacenes (vastos depósitos de suministros), la Antena de Radio (una torre esquelética que transmite señales en la noche), la Gasolinera (un puesto solitario junto a la carretera principal), el Búnker Blindado (un refugio subterráneo en las colinas), la Casa del Faro (un faro blanco al borde del acantilado) y la Cabaña de Pesca (un humilde refugio junto al lago) completan el mapa de un territorio donde cada estructura cuenta una historia de control, abandono o renacimiento.

El 15 de abril de 2010 marcó un antes y un después: Donu y Hugo, ante la expansión de Pedro, se unificaron en la Agencia Federal de Armamento y Estrategia (AFAE). Con sedes en la Fábrica y el Aeródromo, la AFAE invirtió en innovación defensiva. En 2012, Pedro inició ataques de falsa bandera —como el sabotaje de un convoy cerca del Búnker Blindado— para desestabilizar a sus rivales. La respuesta de la AFAE fue la construcción del Silo en 2015, un proyecto que consolidó su superioridad tecnológica.
En 2018, la AFAE adquirió pacíficamente los Almacenes mediante tratados legales, fortaleciendo su logística. Pedro respondió en 2019 con ataques directos y evacuaciones civiles, obligando a la AFAE a una retirada estratégica. El vacío dejó espacio para la facción Guille, que la AFAE instaló legalmente en el Puerto en 2020. Esto desencadenó la Batalla del Puerto en 2022, que terminó con Guille replegándose a la Iglesia y la AFAE desplegando los sistemas antiaéreos LOSAD en 2023, creando una zona segura que atrajo comercio y estabilidad.

En 2024, los ataques de Pedro se centraron en la Ciudad civil: puentes volados, redes eléctricas saboteadas. En respuesta, surgió Angelol, que se estableció en el Puerto bajo la protección de LOSAD y comenzó experimentos con misiles guiados, enriqueciendo el ecosistema defensivo de la AFAE.

A día de hoy, la AFAE controla la Fábrica, el Aeródromo, el Silo y apoya a Angelol en el Puerto y a Guille en la Iglesia. Pedro retiene el Castillo. La Ciudad permanece neutral, pero vulnerable. Los Almacenes, la Antena de Radio y la Gasolinera siguen sin dueño, como espacios en blanco en el mapa de Fork. Este territorio —con sus carreteras serpenteantes, sus ruinas industriales, sus refugios ocultos y sus vistas al mar— no es solo un lugar: es un organismo vivo, marcado por alianzas, traiciones y avances tecnológicos. Su historia no es un relato cerrado, sino un lienzo en constante evolución, donde cada estructura susurra una parte del pasado y anticipa un futuro aún por escribirse.

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